Les contaré de aquel muchacho tímido que visitaba a su enamorada en casa, ya que sus padres la cuidaban mucho y no la dejaban salir. Sus padres eran algo rígidos en su forma de pensar, así que ella sólo podía quedarse hasta las 11 de la noche, junto a él en el jardín, conversando muchas cosas, pues de lo contrario, había un papá muy enojón que salía a decirle : - Ya pues, ya son las once!... Qué más?.. Mañana hay trabajo!... A qué hora te piensas ir? O si no, una mamá muy informativa que le decía: - Yaaaa niñaaaa... Ya son casi las onceeeee... Tu papá se enojaaaaa... Lo peor, es que no podían besarse, porque había siempre un ojo fisgón tras la puerta, y en más de una ocasión les sorprendieron en las intenciones de hacerlo. A lo mucho se agarraban las manos, y se decían cosas pero muy, muy bajito. Tal parece, que este silencio, hacía sospechar al papá, que en un momento intempestivo abría la puerta despacio y se veí...